5 Julio, 2015

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Todos sabemos lo perjudicial que es el tabaco para nuestra salud, para nuestro corazón, nuestros pulmones…

Pero también es, junto al sol, el mayor enemigo de nuestra piel. El tabaco empeora la circulación sanguínea superficial y evita que las células de la piel fabriquen fibras elásticas y colágeno de calidad.

Todo ello produce un efecto de sequedad en el cutis, falta de luminosidad, de tersura….

Además, el calor producido por los cigarrillos en nuestros labios contribuye a la formación de las arrugas del llamado “código de barras”, tan difíciles de tratar.

Pero el tabaco no sólo empeora el aspecto de nuestra piel sino que también es uno de los factores más negativos en capacidad de curación durante el postoperatorio de cualquier cirugía. La inflamación normal tras una intervención quirúrgica tarda mucho más en desaparecer en los pacientes fumadores.

El proceso de cicatrización también resulta afectado y cualquier cicatriz es siempre de peor calidad en un paciente que fume (cuanto más fume, peor será su cicatriz). Esto es tan importante que el tabaco debe reducirse obligatoriamente antes de someterse a cirugías que impliquen cicatrices largas como las abdominoplastias o las reducciones de pecho.

Así, podemos entender que el tabaco es uno de los peores enemigos de nuestra salud pero también lo es de nuestra belleza.