9 junio, 2014

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Los beneficios y los peligros del sol.

Cada vez existe más conciencia acerca de los riesgos del sol. La mayoría de las personas conocemos estos peligros y cada vez actuamos más y mejor contra los rayos UV.

Sabemos que es imprescindible tomar el sol bien protegidos, renovando frecuentemente la crema protectora para no quemarnos y para reducir el riesgo de padecer un cáncer cutáneo.

Hay que evitar las quemaduras, pues no sólo son dolorosas y antiestéticas sino que aumentan el riesgo de padecer enfermedades realmente graves como el cáncer de piel. Se ha calculado que la probabilidad de padecer un melanoma guarda una estrecha relación con el número de quemaduras que se han sufrido antes de los 18 años.

Existen múltiples enfermedades malignas de la piel, todas ellas relacionadas con el sol en mayor o menor grado. Es importante controlar cualquier mancha y visitar al dermatólogo al menos una vez al año.

Personalmente, siempre recomiendo a mis pacientes que usen una crema de día con algo de protección solar (SPF15) para usar durante todo el año. De esta forma conseguimos evitar enfermedades malignas de la piel pero también conseguir un retraso en el envejecimiento cutáneo, menos arrugas finas y mejor calidad de la dermis.

Pero el sol en dosis adecuadas también tiene efectos beneficiosos. Por un lado ayuda a la absorción de la vitamina D, imprescindible para evitar la osteoporosis y, por otro lado, mejora el aspecto global de la piel.
Es cierto que el sol con moderación produce un efecto iluminador y tensor de la piel. Si se une una buena hidratación a un bronceado responsable, conseguiremos una piel luminosa y sana durante todo el verano.

Como siempre en estética, los excesos son perjudiciales y los pequeños gestos buscando la máxima naturalidad suelen conseguir efectos fantásticos que podemos mantener durante meses con simples gestos.