18 enero, 2019

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Hoy os hablamos de una de nuestras intervenciones favoritas, la mastopexia o elevación mamaria.

Es una de nuestras intervenciones preferidas por varios motivos: en primer lugar, las mujeres que se someten a ella consiguen un grado de satisfacción muy alto; en segundo lugar, porque usamos solamente tejidos naturales de la propia paciente y, en tercer lugar, porque el problema que ha llevado a estas mujeres a nuestra consulta no es un simple capricho sino un problema de primera magnitud.

Y es que estas pacientes acuden a nosotros por un descenso más o menos acusado del pecho (existen varios grados) asociado muchas veces a un «vaciado» del mismo. Este problema suele ser debido a la lactancia o a cambios muy acusados de pecho y resulta en un cambio importante en la percepción que tiene la mujer de su aspecto estético y la feminidad.

Mientras que un pecho pequeño pero bien formado puede seguir siendo un pecho atractivo, uno caído y «deshinchado» suele afectar mucho a la autoestima de la mujer.

Es por esto que la mastopexia es una cirugía tan satisfactoria, porque conseguimos devolver un aspecto natural y atractivo al pecho de la mujer, habitualmente usando todo su tejido propio y sin la necesidad de usar implantes. Esto refuerza la idea de recuperación de algo que se había perdido.

En ocasiones, no obstante, el pecho está tan vacío que elevarlo no es suficiente y también será necesario darle volumen. Esto podemos conseguirlo inyectando grasa de la propia paciente o usando un implante de silicona.

El único punto negativo de esta intervención es la necesidad de realizar una serie de cicatrices para conseguir una elevación eficaz y duradera. Haremos una cicatriz alrededor de la areola, otra en el surco submamario y otra vertical que una las dos anteriores, obteniendo una cicatriz final «en forma de ancla».

La cicatriz siempre es «el malo de la película», como hablaremos en otro artículo dentro de unos días, pero es el mal necesario para conseguir el mejor resultado. Además, hoy en día contamos con herramientas para conseguir las mejores cicatrices.

Si intentamos realizar esta intervención con menos cicatrices estaremos cayendo en una trampa, pondremos una prótesis demasiado grande y firme para levantar ese pecho al máximo e intentaremos hacer solamente una cicatriz alrededor de la areola tensando mucho la piel. Esto nos llevará a que la cicatriz periareolar se ensanche y quede muy inestética para, finalmente, acabar teniendo un pecho grande pero igualmente caído.

El mejor cirujano no es el que deja menos cicatrices sino el que deja las cicatrices con mejor aspecto.

En definitiva, la elevación de pecho es una cirugía extremadamente satisfactoria y eficaz, que devuelve la feminidad perdida a la mujer, que puede realizarse con o sin implantes según el caso pero que requiere una serie de cicatrices para ser 100% efectiva y duradera en el tiempo.