4 febrero, 2019

En casi cada entrada de este blog, hablando de cualquier intervención quirúrgica, en cada visita presencial con una paciente aparece en algún momento el tema de las cicatrices.

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Y es que una cirugía puede ser ejecutada de forma impecable técnicamente, ya sea una intervención de traumatología, cirugía cardíaca, cirugía plástica, etc… pero el resultado final de la cicatriz va a condicionar mucho la aprobación o el descontento de los pacientes.

He oído a alguna paciente quejarse de lo fea que le había quedado una cicatriz de cesárea y quejarse todavía más de su ginecólogo por decirle algo así cómo: «esa cicatriz es el recuerdo de un momento maravilloso en tu vida, así que no puedes pedir más». Incluso he oído a algún paciente avergonzarse de querer mejorar una cicatriz tras una cirugía cardíaca o de una reconstrucción mamaria por un cáncer.

Evidentemente, hay que ponerlo todo en su lugar. Cuando nos operan tras un accidente de tráfico o porque hemos sufrido un infarto, lo primordial es solucionar el problema que nos ha llevado al quirófano. Pero eso no significa que no podamos desear un mejor aspecto de nuestras cicatrices.

En efecto, las cicatrices son «el malo de la película» y los pacientes suelen asociar una «mala cicatriz» a una «mala cirugía» por muy bien que se haya realizado el trabajo interno.

Es por esto que debemos siempre tener un gran cuidado de las heridas para que el resultado global sea óptimo y satisfactorio, especialmente cuando hablamos de cirugía estética. Hay que saber que la calidad de una cicatriz depende al 50% del trabajo del cirujano y al 50% de la capacidad de curación de cada paciente.

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Aunque actualmente disponemos de herramientas para mejorar el aspecto de las cicatrices «a posteriori» como la radiofrecuencia nanofraccionada, el mejor resultado se obtiene trabajando desde el mismo día de la intervención. Existen una serie de puntos clave para conseguir la mejor cicatriz posible. Hoy hablaremos de las que dependen del cirujano y dejaremos las que tienen que ver con el paciente para próximas entradas de este blog.

A) Factores que dependen del cirujano. Aquí es dónde entra en juego la pericia y el cuidado de cada profesional:

1- Respetar los tejidos a la hora de trabajar. Cuanto más cuidadoso y meticuloso sea el trabajo quirúrgico, tanto en el momento de la incisión en la piel como durante la propia intervención, mejor preparados estarán los tejidos para curarse y cicatrizar después. Intentar «correr mucho» a la hora de operar es una mala idea si no queremos maltratar la piel.

2- Realizar una buena sutura. A la hora de terminar el trabajo hay que cuidar la piel usando las herramientas más respetuosas como pinzas y agujas adecuadas, así como conocer las técnicas y materiales de sutura más idóneos para cada plano y tejido. Una mala sutura producirá una mala cicatriz por lo que tampoco hay que tener ninguna prisa en esta última fase de la cirugía.

3- Minimizar la tensión de las heridas. Un buen cirujano no es el que hace las cicatrices más cortas ni menor número de cicatrices, sino el que realiza todas las cicatrices necesarias pero con la máxima calidad y el mínimo grosor. Una cicatriz excesivamente corta o un número insuficiente de cicatrices producirá un exceso de tensión en la herida que llevará a una cicatriz más ancha o sobreelevada de lo deseable.