26 octubre, 2015

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Siguiendo con nuestra serie de artículos sobre blefaroplastia, hoy vamos hablar de las peculiaridades de la blefaroplastia completa.

Ya hemos explicado que la blefaroplastia superior es una técnica sencilla que permite rejuvenecer de forma muy espectacular el rostro y que la blefaroplastia inferior es una técnica un poco más compleja que nos soluciona completamente los problemas de bolsas y flacidez en el párpado inferior.

La blefaroplastia completa consiste en asociar estas dos técnicas en una sola intervención. El efecto de rejuvenecimiento que se produce con esta cirugía es, en efecto, muy espectacular. Los ojos revelan nuestra edad, nuestras emociones, nuestro cansancio… y una mirada fresca y relajada puede cambiar de forma radical nuestro aspecto.

La recuperación de esta intervención, evidentemente, es un poco más compleja que cuando hacemos una blefaroplastia superior o una blefaroplastia inferior por separado. La inflamación y los hematomas son más abundantes y duraderos. Se trata de una intervención cuyo postoperatorio no es nada doloroso pero que puede suponer una hinchazón de la zona periocular de aproximadamente 15 días.

Esta intervención puede realizarse también bajo anestesia local aunque se trata de una cirugía más larga, de aproximadamente dos horas de duración. Por este motivo muchos pacientes prefieren realizarla bajo anestesia general. Tras la cirugía, el paciente puede marcharse a casa en pocas horas.

Debido a su postoperatorio un poco más largo que en las técnicas simples, el resultado final se verá aproximadamente a los dos meses de la intervención; pero a los 15 días tras la cirugía este resultado ya suele ser muy visible y natural.

De esta forma, la blefaroplastia completa constituye una de las intervenciones con mejores resultados en cirugía estética, habitualmente realizada con anestesia local, sin ingreso y con una recuperación completa a los pocos días.